Mundo aparte

Mundo aparte
Muchas veces los chicos prefieren estar en su habitación, solos. Esto puede deberse a que allí tienen de todo. No hay dudas de que tal situación genera preocupación en los adultos, pero también deben saber que ellos mismos lo propiciaron. Psp.Ma.Alejandra Canavesio (*) “— No logro que Bautista se integre a la familia— me dijo Sonia, con la preocupación instalada en el rostro. — ¿A qué te referís, exactamente?— le pregunté. — A que no quiere almorzar ni cenar con nosotros... El almuerzo y la cena son los únicos momentos en que los cuatro coincidimos en casa, pero él toma su plato y se va a comer a su habitación. — ¿Desde cuándo hace eso? — ¡Desde siempre!— Sonia puso los ojos en blanco y se mordió el labio inferior— Cuando era chico, por la tarde estaba a cargo de una niñera, pero después yo dejé de trabajar medio turno y ya estuve más cantidad de horas en casa. — ¿Qué edad tenía Bautista cuando empezó a estar a cargo de una niñera? — Cuatro. — ¿Y cuántos años tenía cuando vos empezaste a estar en casa por las tardes? — Trece... La mujer se retrotrajo en el asiento y pareció opacarse, quizás por darse cuenta de hacia dónde estaba ‘yendo’ yo. — Me dijiste que cuando ustedes se sientan a almorzar y cenar, él toma su plato y se va a su habitación, ¿sí? — Sonia asintió en silencio — ¿Qué hay en ese espacio? Digo: ¿qué tiene en su habitación? — ¡Todo!— exclamó ella, despegando los brazos del cuerpo, con las palmas hacia arriba. — ¿Todo?— inquirí. — Sí, todo... Televisor, computadora,equipo de música y la play... pero a esa ya casi no la usa. — ¿Nada más? Sonia no se percató del tinte irónico de mi pregunta. — Sí, obvio: su ropa, sus útiles... todas sus cosas... La miré directamente a los ojos para volver a hablarle: — Si tiene todo eso en su habitación, Sonia, ¿cómo pretendés que quiera estar en otro lugar?...” La comunicación es fundamental para establecer vínculos y son los padres quienes deben crear espacios y tiempos para afianzarlos. Hoy en día, el uso de la tecnología está fagocitándose la habitualidad del diálogo y del encuentro a partir de las miradas, gestos y tonos de voz que posibilitan, solamente, la presencia frente a frente en un mismo espacio. En esta sociedad, en que los niños ven y practican la ley del menor esfuerzo, la mayor rapidez, el menor compromiso y la mayor modernidad, es una consecuencia esperable que busquen el automatismo y la mecanización, evadiéndose en el aislamiento. Son los adultos quienes deben conducir la familia, poniendo pautas, normas y límites, con fundamentos. Somos nosotros los encargados de decirles qué se hace y qué no, cómo, cuándo y dónde. Si por una comodidad personal del adulto se permite al niño el uso del televisor, la computadora y la play en un espacio de la casa al que debería acudir sólo para dormir, es justamente ese adulto quien está haciéndolo a un lado. Persiguiendo el afán de la integración familiar, en la que cada integrante sea parte activa del mismo todo, evaluémonos como adultos y pongamos en marcha actitudes y conductas que les disparen el deseo de estar con nosotros y no de hacerse un “mundo aparte”. (*) Psicopedagoga.
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