Cantar es bueno para sentirse bien

Cantar es bueno para sentirse bien

Cantar es una forma de expresión, también una forma de transmitir nuestras emociones y está altamente recomendada tanto en niños como en adultos.

Prof. Melina Bruera (*)

¿Quién no canta bajo la ducha? ¿O tararea y canta canciones en cualquier lugar de la casa o mientras va en el auto o caminando? Te cuento algunos "por qué" es bueno cantar:

Cantar nos hace sentir bien. Es totalmente placentero sentir las vibraciones sonoras cuando resuenan en nuestras bocas y cuerpos. Los bebés lo saben muy bien y es por eso que usan el sonido para explorar a un nivel sensorial antes de usarlo para la comunicación. Cuando cantamos se liberan endorfinas que ayudan a crear sensaciones positivas. Esto es especialmente cierto cuando cantamos con otras personas. Cantar en grupo también induce la producción de oxitocina (la hormona afectiva). Esto puede reducir el stress, la ansiedad, e incrementar las sensaciones de confianza y bienestar.

Cantar es excelente para nuestra salud. Cantar se considera una actividad aeróbica por la cantidad de oxígeno que se envía al cerebro. Esto se debe a la respiración profunda o "respiración diafragmática" que exige el canto. Nuestra respiración tiene un inmenso poder restaurador, puede reducir el stress e incluso llevarnos a un estado meditativo. Sobre todo, cantar disminuye los niveles de cortisol (la hormona del stress), lo que nos permite producir más anticuerpos que potencian nuestro sistema inmunológico.

También hay beneficios para la salud emocional. Lo vemos en el instinto materno de tranquilizar a su bebé con una canción y en la tradición de las canciones de cuna para dormir a los niños. Cantar canciones tristes cuando nos sentimos así, y alegres cuando estamos felices tiene un impacto positivo en nuestro estado de ánimo.

Cantar es bueno para nuestro cerebro. Cantar se usa para tratar problemas neurológicos como tartamudez, nódulos y pólipos. Parkinson, lesiones cerebrales adquiridas, e incluso autismo. Tocar música, en general, ha demostrado tener efectos globales en el cerebro como incremento de la función cognitiva, incremento de la memoria, mayor capacidad para resolver problemas y realizar funciones.

Cantar es bueno independientemente de cómo suene. Esta es la mejor, ya que, podemos ver los beneficios de cantar sin importar cómo suenan nuestras voces. Existe un estudio realizado en 2005 que dice que las personas pueden experimentar las mismas sensaciones de placer incluso cuando el sonido que se produce es de "calidad mediocre". El acto de cantar en sí mismo es lo que nos hace sentir bien, no cómo suenan nuestras voces.

Cantar nos hace mejores personas. Al cantar podemos lograr un mayor conocimiento personal además de los beneficios emocionales y psicológicos de cantar. Cuando cantamos, hay una cierta vulnerabilidad. Esta vulnerabilidad nos permite aprender mucho de nosotros mismos, lo que nos motiva, de qué somos capaces y qué deseamos realmente. Me ha pasado que a través del acto de cantar encontré mi verdadero yo. En esencia, cantar con regularidad puede ponernos cara a cara con quien de verdad somos.

Cantar nos ayuda a hacer un mundo mejor. Cuando entendemos quiénes somos en el fondo y qué cualidades únicas poseemos, dejamos de compararnos con los demás. El miedo que nos impulsa a luchar, a acumular, y a oprimir, se transmuta en energía positiva, la de la compasión, la generosidad y el amor. ¡Sí, amor! Este cambio positivo tiene un efecto de onda expansiva que empieza en nuestras vidas y se extiende a nuestros amigos y familias, nuestras escuelas y comunidades y eventualmente en el mundo en su globalidad. Se ha sugerido que cantar en grupo puede resultar en un fenómeno llamado "entrainment" -en biomusicología significa entrenamiento-. Los pulsos de los cantantes se sincronizan en una frecuencia de latido colectivo. De la misma manera, ser firmemente quienes somos revela que somos parte de un sistema mayor, el corazón de la humanidad.

Estoy convencida que la música y el canto constituyen un medio privilegiado para la expresión de aquella riqueza inmensa que resulta evidente en las profundidades de nuestra alma. Así que sin miedo y sin vergüenza: ¡cantá!

(*) Docente de música y cantante.

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