RE-INICIÁNDONOS

RE-INICIÁNDONOS

Arrancó marzo, un mes con muchísimas expectativas y de cambios para todos, pero sobre todo para niños y adolescentes que deberán dejar de lado el confort del hogar y re-ordenar horarios y re-organizar rutinas, por ejemplo. Llegó el momento de re-iniciarnos.


Psp. Ma. Alejandra Canavesio (*)

 

Llegó marzo. Un marzo que, sin duda alguna, no se presenta como cualquier otro marzo que hayamos tenido para estrenar. Este es un marzo en el que, si bien sabemos que hay actividades que iniciar, no tenemos muy en claro cómo, cuándo ni dónde. Y, en medio de este desconcierto, están ellos: los niños y los adolescentes que, si algo innegablemente precisan, es seguridad, certeza, coherencia, estructura, organización y rutina.

 

Hemos atravesado un 2020 muy complejo, con muchas fragmentaciones, quiebres y pérdidas. Un año que, aunque nos dio innumerables oportunidades para el aprendizaje, no todos estuvieron en condiciones de lograrlo, por haber sólo podido instalarse en el malestar, el enojo, la preocupación, la desazón y un miedo que, en demasiados casos, rozó la paranoia, anclando en ellos en vez de poder aprovecharlos como trampolín. A muchos el 2020 ha dejado un sabor amargo que aún está ahí y, si bien es perfectamente entendible, hoy es menester enjuagarse la boca, posicionarse de manera positiva y hacer por re-iniciarnos y re-iniciar a nuestros hijos en un trayecto a caminar que ya no es ni será como era antes pero que debemos transitar… y del mejor modo posible. Para que nos sea provechoso. Para que nos ayude a crecer.

 

Volver a las clases presenciales implica a niños y adolescentes no solamente el regreso a su escolarización, sino también a la socialización, luego de casi un año completo de monopólica virtualidad. Pero para re-iniciar, hay que re-ordenar horarios, re-ordenarnos, re-organizar rutinas y re-organizarnos… como padres, como docentes, como hijos y, fundamentalmente, como alumnos. Debemos hacer por acomodarnos lo menos incómodamente a una inédita normalidad, que tendrá que ver con reencontrarnos en presencia con quienes no vimos durante mucho tiempo e ir adaptándonos a nuevas rutinas escolares que modificarán nuevamente la dinámica familiar.

 

A pesar de los padecimientos del encierro a que estuvimos expuestos el año pasado, una vez que pudimos acomodarnos al "quedarnos en casa", naturalizamos ese modo de vida y, en muchos casos, niños y adolescentes se instalaron en la comodidad del confort que les significaron la ruptura de las rutinas que traían, la disminución de responsabilidades a cumplir, el que los padres se hicieran cargo de lo que ellos no y el transcurrir sus días pantallas en mano (que es lo que realmente adoran), sin horarios para acostarse ni levantarse, por ejemplo. Pues bien:, y que comprendan que no hay posibilidad de aprendizaje sin deseo, voluntad, dedicación, esfuerzo y trabajo.

 

Por un 2021 en el que seamos capaces de celebrar que SOMOS y ESTAMOS, los invito a HACER por lograr ser nuestra mejor versión. ¡Vamos que podemos!

 

(*) Psicopedagoga. M.P. Nº 279. L.I.F.8.

 

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