Lo saludable siempre estará de moda

Lo saludable siempre estará de moda

Antes no existían productos diet, sin colesterol, ni reducido en grasas. Sin embargo, los índices de sobrepeso y enfermedades cardio- metabólicas eran cinco veces inferiores a las que tenemos hoy. ¿Cómo puede ser? Muy sencillo: se priorizaba lo natural por sobre lo manufacturado.


Dr. Marcelo Blank (*)

 

El 29 de marzo de 1969 ocurrieron dos hechos que marcaron mi vida. Fue la fecha de casamiento de mis padres, consecuencia de lo cual sobrevino el segundo acontecimiento trascendental que luego les contaré.

 

En el altar, mis padres esperaban que el Rabino de por finalizada la ceremonia.

 

Las promesas de amor eterno se habían realizado, los anillos intercambiados, el novio besado a la novia; faltaba solo un detalle: que se le conceda a la pareja el libro de Doña Petrona. Solo así se daría por terminado el cortejo.

 

Y ahí estaba, como en todo casamiento de la época, la tía, mejor si era solterona; en este caso la tía Clarucha – a la cual nunca se conoció su verdadero nombre – esperando por su momento de gloria, quedando así como foto principal del álbum de casamiento: haciendo entrega a la flamante pareja del ejemplar firmado y con dedicatoria de la familia del libro de cocina de Doña Petrona.

 

1969, plena guerra fría, la carrera espacial en su punto culmine, el hombre a meses de pisar la luna, pero…, el mundo transcurría aún en blanco y negro. De repente aparecía alguien con un regalo maravilloso…una enciclopedia de la gastronomía y ¡a colores!

 

Ya con su libro de cocina, la flamante pareja partía de luna de miel.

 

Algunos, incluso se llevaban el libro de Doña Petrona para ir ojeándolo; recuerden que, en esa época, los hoteles no tenían televisor en el lobby, menos en la habitación.

 

De vuelta en casa, los recién casados tenían muchos desafíos por resolver, por suerte uno ya estaba solucionado: ¿qué comemos hoy?

 

Siempre a mano y ya encuadernado, el preciado libro de cocina ofrecería un sinfín de ideas saludables.

 

La pareja sabía dividir las recetas que serían destinadas para el día a día de las preparaciones un poco más elaboradas reservadas a acontecimientos especiales.

 

Y tal mal no nos fue. Nuestros padres transcurrieron la década del 70 con índices de sobrepeso y enfermedades cardio- metabólicas cinco veces inferiores a las que tenemos hoy y nosotros como niños crecimos sanos, bien alimentados y nos trasformamos en laburantes, profesionales, hombres y mujeres de bien.

 

En retrospectiva, ¡que acertada estuvo la tía Clarucha!

 

PULGAR ARRIBA PARA LO NATURAL

 

Hoy, a 52 años de aquel casamiento, lo único que no solo ha sobrevivido, sino que, mejor aún, sigue siendo igual de útil es el libro de Doña Petrona. Otros regalos, como la vajilla, se fueron cachando y rompiendo, la mantelería pasó de moda y hasta la mesita del teléfono dejó - ya muy lejos - sus años de esplendor.

 

La tía fue visionaria, regalarle a los recién casados un libro de recetas saludables fue maravilloso de su parte.

 

¿A quién se le hubiese ocurrido en esa época agasajar a los novios con un libro de dieta hipocalórica, paleolítica, cetogénica, de ayunos, o con unos productos en forma de polvos que reemplazan teóricamente las comidas… o tantos otros inventos de iluminados y chantas devenidos a alimentólogos y adelgazólogos que pululan en nuestros días?

 

Basta con echarle un vistazo a los ingredientes de las recetas de Doña Petrona.

 

Solo encontrarán productos naturales: carne, pollo, pescado, cerdo, mariscos, leche, queso, huevo, harinas, cereales, pan, arroz, polenta, pastas, frutas, verduras, legumbres, hortalizas de todo tipo y color, aceite, manteca, sal, azúcar y condimentos.

 

En ninguna receta figuran la palabra diet, ni dietético, ni bajas calorías, ni reducido en grasas, ni sin colesterol.

 

En lugar alguno aparecen tampoco los términos colorantes, conservantes, aromatizantes, aglutinantes y, por supuesto, ninguna de las recetas sale del horno con una etiqueta con información nutricional para el consumidor.

 

¿Qué nos está pasando entonces como sociedad de consumo? ¿A dónde está el problema?

 

Se han demonizado desde la década del 90 a alimentos tan nobles como la papa, la pasta, el pan, la manteca y hasta el huevo.

 

¡Pero si el flan de Doña Petrona lleva 12 huevos! ¡Si, pero nadie dijo que tenés que comerte la flanera entera! Técnicamente una porción=un huevo.

 

Recuerden, cuanto más se aleja la manzana del árbol, menos manzana es. Les recomiendo: prioricen lo natural por sobre lo manufacturado.

 

El secreto está en la moderación y no en la prohibición. Esto ha sido todo por hoy, buen provecho y hasta la próxima.

 

(*) Médico con dedicación a Nutrición. M.P N° 3522.

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