Aguas saborizadas, en ocasiones especiales

Aguas saborizadas, en ocasiones especiales

Las bebidas que se consumen a diario merecen una reflexión especial. Es que por más que no estén gasificadas y se las vendan como aguas saborizadas, lo cierto es que no son saludables a la salud. Nada mejor que tomar agua.


Dr. Marcelo Blank (*)

 

Algo que consumí de niño a fines de los 70¨ y acá estoy aún vivo para contarlo fue El Jaimito.

 

El Jaimito era la versión líquida de la "kryptonita" ofrecida a los niños en forma de refresco. Era un sachecito de plástico duro que contenía una sustancia color flúor que se podía adquirir en los quioscos de la ciudad. Se ofrecía en versión fría y congelada; esta última con una sospechosa similitud a la roca galáctica.

 

El Jaimito era una bebida, un refresco siendo generosos, con un nombre cuanto menos poco feliz: ¡Jaimito! De última le hubiesen puesto: Anteojito, Larguirucho, Margarito Tereré o algo más regional o autóctono como Tincho Carpincho. Si buscaban asociarlo a algún personaje picaresco se lo podría haber llamado Condorito, Isidoro Cañones o capitán Piluso…pero no, ¡le llamaron, Jaimito!

 

Hoy, 40 años después, noto que ya el nombre inspiraba desconfianza.

 

El Jaimito se presentaba en varios sabores: lima limón, naranja y la versión premium, ¡el Jaimito de granadina!

 

¿El sistema de apertura? No venía indicado, por decantación lo abríamos con los dientes, siempre con extremo cuidado de no derramar una sola gota sobre nuestras prendas; lo cual les revelaría a nuestros padres acerca de la ingesta de ¨la sustancia¨. El Jaimito era resistente a todo lavado, dejaba manchas permanentes.

 

El Jaimito no tenía etiqueta, ni información nutricional, decía simplemente "Jaimito". Uno debía suponer que eso era un jugo. Calculo que - en caso de intoxicación o sobredosis - tendría uno que ubicarlo a Jaimito para hacer el reclamo. Más preocupante aún, era el hecho de que al contacto con la boca la palabra Jaimito se iba desvaneciendo; así que a esta pintura que, dudo haya sido ecológica o biodegradable, también la consumíamos junto con la sustancia flúor.

 

En síntesis, y siendo nuevamente muy generoso, una irresponsabilidad total.

 

Tampoco poseía fecha de vencimiento ni conservantes…diría que le tenían miedo las bacterias al Jaimito…No descarto se haya usado en su momento para desinfectar superficies (es un chiste, no prueben esto en casa por favor), en lugar de quedar ese olor nauseabundo a lavandina permanecería perfume de granadina sobre la mesada, un lujo.

 

Ya en los 80, seguramente algún ente regulador sanitario tuvo algo de conciencia o remordimiento de lo poco conveniente de ofrecer esos refrescos a los niños y lo desacertado del nombre, pero…en lugar de retirarlo del mercado dio paso a su heredero: ¡la Naranjita! Mismo fluido nocivo, pero ahora contenido en un atractivo envase, justamente en forma de naranja, el cual, una vez vacío era rellenado con papelitos para hacer una pelota y disfrutar de un fulbito en los recreos del patio de la escuela. Me niego a pensar que algún iluminado pensó que esta era una forma de promover el deporte.

 

Luego, simplemente se llamó "el juguito". Íbamos en caída libre, de mal en peor, ya nadie era responsable de esto, ni fabricantes, ni entes reguladores, ni siquiera el mismísimo Jaimito.

 

Hoy el Jaimito ha resistido el paso del tiempo, ha evolucionado y diversificado a punto de invadir el mercado, camuflado, disfrazado como aguas saborizadas, finamente gasificadas, jugos en polvo o concentrados para preparar. El color flúor ya no está, pasó de moda; hoy los colores pastel son los que están a la orden del día y se adhieren a los sabores: mango, pomelo rosado y la versión premium: ananá.

 

Todo en el marco de legalidad, con etiqueta e información al consumidor. Información que dice - en forma muy clara - lo poco conveniente de su consumo. Si de ingredientes hablamos, ninguno de ellos es natural, de más esta está decírselos, salvo el agua, aunque también tengo mis dudas al respecto.

 

¿Cuál es la gran diferencia con el consumo de este tipo de bebidas si comparamos los 70¨ con el presente? Por esos años, los niños tomábamos - en un buen día - 100cc cada 5 días con el vuelto de las figuritas los viernes, el resto de la semana agua de la canilla. Hoy su consumo es masivo.

 

Señores padres: no les ofrezcan este tipo de bebidas a sus hijos en reemplazo del agua, resérvenlas solo para ocasiones especiales. Estimados amigos, esto ha sido todo por hoy, salud (con agua) y hasta la próxima.

 

(*) Médico con dedicación a Nutrición. M.P.N° 3522.

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