Lo subí

Lo subí

Como padres y adultos responsables es importante enseñarles a los chicos que hay pasos que, cuando se dan, no se pueden borrar como una huella en la arena. En ese sentido, es clave hacerles saber que las redes sociales y todo lo que se suba a internet puede ocasionar daño a mucha gente, muchas veces irreparable.


Psp. Ma. Alejandra Canavesio (*)

 

 

"La cotidianeidad evidencia que es cada vez mayor la cantidad de varones y mujeres que, más o menos a partir de los 10 años, tienen teléfonos celulares y cámaras digitales con los que andan por la vida captando imágenes a toda hora y en todo lugar, de quien sea y como sea, para luego “subirlas” a algún sitio de exposición pública. Muchas veces, toman fotos de sí mismos, solos o con amigos, pero, muchas otras también, lo hacen de personas a quienes “pescan in fraganti” y, las conozcan o no, acaban exhibiéndolas con intención de ridiculizarlas, en un compromiso (para esos otros y para ellos mismos) del que no toman dimensión".

 

Personas en ropa interior, a medio vestir, haciendo gestos obscenos, duchándose o teniendo relaciones sexuales habitan el ciberespacio, a sabiendas o no, pero sin haber dado su consentimiento previo. Lo que comenzó siendo un "hacerse público para figurar", se utiliza hoy como una herramienta de disparo hacia el prójimo.

 

Transitamos una época en la que el apogeo de la visibilidad tiene un peso tan grande, que demasiadas personas acaban creyendo que, si no se las ve, no existen. Entonces, el impulso por hacerse ver y el deseo de abandonar el anonimato se tornan irrefrenables… sin importar nada.

 

Lanzarse al dominio del espacio virtual es un desafío por el que optan muchos y cuyo inicio está dándose en edades cada vez más tempranas. Mediante el acceso a redes informáticas y los medios interactivos, niños y adolescentes eligen no sólo hacerse públicos sino también exponer a otros, en una evidente invasión a la intimidad… de la que no tienen registro. Socialmente está todo tan expuesto, que se ha perdido la óptica que permite distinguir el límite entre lo que es privado y lo que es o puede hacerse público… y he aquí las consecuencias.

 

Hoy la creencia es que uno vale por la imagen que tiene y, entonces, se la exhibe para "venderla" y SER, convirtiendo la propia vida en una especie de fiesta a la que todos asisten, sin importar quién. Y, ahora, como las situaciones devienen en degeneraciones, el agravante es que se utiliza la imagen del otro para exponerlo al ridículo, como represalia a partir de alguna causa o por la simple imbecilidad de burlarse de él.

 

Esta habitualidad a presenciar la intimidad como un espectáculo tiene de gratuito sólo el "precio de la entrada" porque, a decir verdad, el costo es elevadísimo… y no solamente para quien resulta víctima de una exhibición indeseada. Entrometerse en la vida ajena publicando fotos y asentando comentarios públicos por escrito, atenta contra la intimidad y exige una reparación que, si bien puede aplacar malestares y resentimientos, jamás podrá eliminar el daño provocado. Divertirse a costa del sufrimiento de otro es un comportamiento insano y morboso… al que debemos, como adultos responsables de niños y adolescentes, prestar sutilísima atención.

 

Detengámonos a reflexionar acerca de esto que está sucediendo porque es algo de lo que todos y cada uno de nosotros, de uno u otro modo, resultamos víctimas. Hagamos porque nuestros hijos se den cuenta y aprendan que ciertos pasos, una vez dados, no pueden desandarse.

 

(*) Psicopedagoga. M.P. N.º 279. L.I.F.8.

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