Más allá de la primavera y el verano, cuidarse siempre es clave para la salud

Más allá de la primavera y el verano, cuidarse siempre es clave para la salud

Los días de calor empiezan a sentirse y para muchos, sobre todo teniendo en cuenta los meses de confinamiento por la pandemia, llegó el momento de exigirse en gimnasios y comer poco. Sin embargo, es momento de establecer un nuevo paradigma que ponga énfasis en el cuidado permanente y sin mediar época del año y sobre todo que aliente a la aceptación personal más allá de un cuerpo.


Maximiliano Sonzogni (*)

 

Los últimos dos años no fueron tiempos sencillos. Libertades restringidas, colapso y desesperación. La pandemia irrumpió de modo tal que fue indefectible agruparse mundialmente para contenerla y transitarla con hidalguía. Argentina, no fue la excepción a la regla y su pueblo se mostró maduro y dispuesto a ejecutar cada medida propuesta por sus dirigentes. El impacto fue atenuado por dicha obediencia. No obstante, las limitaciones impuestas exacerbaron disconformidades que a la postre impulsaron en muchos el deseo de transgresión y en otros un hastío popular semejante capaz de hacer repensar a las autoridades ante futuras decisiones.

 

Aún inmersos en la coyuntura e incluso con el vaticinio periodístico de una latente tercera ola, el ritmo precedente parece ir restableciéndose y resulta cada vez más palpable una nueva vieja normalidad. Entre las muchas secuelas del confinamiento primario iniciado en marzo de 2020, Argentina escaló al quinto puesto del ranking mundial, entre los países cuya población mostró mayor ganancia de peso, con casi 8 kilos de promedio por habitante (IPSOS, 2020). Encierro, incertidumbre, sedentarismo y sobrealimentación, en un país donde el sobrepeso y la obesidad ya eran cuestión de estado previo al COVID 19.

 

Una fotografía de actualidad más descontracturada respecto del año anterior, en términos de exigencia sanitaria, supone la antesala de tiempos de soberanía social. Con los primeros vestigios de primavera y la consecuente proximidad del verano, la seductora posibilidad de pasar mayor tiempo fuera de casa en los próximos meses resulta estimulante y, a su vez, todo un desafío a vencer por aquellos para los cuales el cuerpo representa su principal carta de presentación u ostenta un valor desmesurado. Querer llegar en forma óptima al verano, como una voz interna que se activa y replica de forma súbita, que involuntariamente se rinde a los estereotipos y mandatos establecidos por una sociedad demandante, aunque bajo aparente transición hacia modelos de pensamiento más flexibles.

 

Por qué reducir el cuidado personal sólo a una estación del año, sólo a tres meses del calendario. En esencia, el cuerpo es un vehículo dotado de una ingeniería biológica digna de admiración. Importa su apariencia y su contenido. Enfocar sólo en el envase, significa desestimar parte de su enorme valor. Que las altas temperaturas implican una mayor exposición es redundante, aunque se impone la siguiente pregunta: ¿Llegar bien al verano para quién, para mí o para que los otros me validen? La expresión tiene innumerables acepciones, aunque la mayoría de los mensajes se estructuran en función de lograr el exterior socialmente aceptado.

 

Direccionar nuestros esfuerzos sólo a edificar una versión estival resplandeciente, aunque posiblemente migratoria tras su conclusión, resulta un despropósito y un manifiesto desperdicio del remanente almanaque. Es momento de establecer un nuevo paradigma, que aliente al cuidado permanente y se extienda sin mediar época del año. Expresar nuestra mejor versión es posible, en la medida que se establezcan las condiciones suficientes para que suceda. Es una relación causa-efecto. Desarrollo condiciones de salud, expreso una versión de salud. Reducirlo sólo a un momento particular, es reducir nuestro infinito potencial. Merecemos vivir mejor, en permanente salud y la decisión siempre va desde adentro hacia afuera.

 

(*) Licenciado en Nutrición (MP 1612) / Licenciado en Periodismo y Comunicación

 

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