El respeto... ¿no va más?

El respeto... ¿no va más?

El respeto se enseña, se inculca, se transmite. Y es misión de los padres hacer que sus hijos sean respetuosos de una idea, de un objeto, de una persona… En los tiempos que corren viene muy bien reflexionar sobre el respeto.


Psp. Ma.Alejandra Canavesio (*)

 

" – Ya lo hablé con las chicas: la vamos a sacar del grupo porque ella piensa otra cosa. Y si sigue así, se va a quedar sin amigas. Yo no voy a seguir con ella si no hace lo mismo que yo –me dijo Sara al conversar acerca de la costumbre que tomó hace un tiempo de grabar videos en Tik Tok.

 

- Pero… ¿Valentina no es tu mejor amiga, Sara?- le pregunté.

 

Ella se encogió de hombros y frunció la boca, mirándome, antes de volver a hablar.

 

- Sí. Pero si no le gusta hacer videos, ¿para qué quiero que sea mi amiga?

 

- Sara… ¿qué tiene que ver que a una le guste hacer videos y a la otra no, con el ser amigas?

 

- Sí, pero a ella no le gusta.

 

- ¿Valen también piensa en dejar de ser tu amiga porque a vos te guste hacer videos y a ella no?

 

Mi pregunta pareció descolocarla y se quedó pensativa, unos segundos, mirando fijamente el piso.

 

- Ni idea. Pero yo quiero que ella haga lo mismo que hago yo.

 

- ¿Y tu respeto por ella? – le pregunté.

 

- ¿Respeto? – se rió casi a carcajadas - Eso no va más, Ale. Cada uno hace lo que quiere, y listo".

 

 

 

El respeto es uno de los valores más importantes a enseñar a los niños lo más temprano posible, en el seno de la familia, y sigue desarrollándose durante toda la vida. Respeto a los adultos, a sí mismos, a los pares, a la naturaleza… De hecho, la base para una buena convivencia se asienta en el respeto mutuo.

 

Desde pequeños los niños deben aprender que toda persona tiene derecho a pensar de forma independiente, a que le gusten cosas diferentes y a hacer de acuerdo a lo que crea conveniente. A partir de ahí es posible aprender a comprender, a tolerar y a compartir, aceptando las diferencias. Es desde este punto que pueden ir construyendo ideas y criterios propios, al tiempo en que aprenden a considerar que el otro pueda tener opiniones diferentes y, por ende, hacer, decir y comportarse distinto. Y, mientras eso desigual no atente contra sí, contra el otro o contra algo, aunque sea diferente, vale.

 

A estos aprendizajes el niño puede ir obteniéndolos a partir del ejemplo de los padres y del mundo adulto en que esté inmerso, enmarcados dentro de la claridad de normas básicas de convivencia, e ir formándose en el saber expresarse, escuchar y ponerse en el lugar del otro, pudiendo ejercitar el respeto recíproco.

 

Lamentablemente, y gracias a que la sensatez, el sentido común y la inteligencia están en jaque, existen padres que forman hijos acostumbrados no sólo a hacer solamente lo que quieren, como quieren, cuando quieren y donde quieren, sin importarles nada más allá del deseo propio, sino también a la gratificación inmediata (generalmente en el afán de evitar berrinches). Y como no están educados en la gestión emocional y en la resolución de problemas, para que sepan afrontar las diferencias y los conflictos de manera positiva, tenemos cada vez más niños y adolescentes caprichosos, egocéntricos, narcisistas, hedonistas, materialistas, consumistas y manipuladores que, obviamente, cuando no obtienen lo que quieren (en cuanto a cosas y/o personas) agreden, desprecian y descartan, muchas veces hasta violentándose.

 

Bajo ningún concepto el respeto debería considerarse como algo relacionado con la moda, ya que es uno de los valores fundamentales de la vida personal y social. Debemos educar en la amabilidad y la empatía, haciendo porque los hijos comprendan que es posible tener opiniones y perspectivas diferentes y que, incluso, esas diferencias pueden ser aprovechadas para un intercambio constructivo.

 

Los valores no son innatos; se enseñan y se aprenden, y es misión de los padres incorporarlos a la vida de los hijos apenas llegan al mundo, para poder construirlos desde temprano como personas íntegras, que sepan decir y hacer, respetándose a sí mismas, pero sin lastimar, porque no es lo mismo hacer en favor propio que en contra del otro.

 

(*) Pscicopedagoga. Mat.Nº279. L.I.F.8

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