Cuando el invierno es la excusa perfecta

Cuando el invierno es la excusa perfecta

El invierno puede poner a prueba tus estrategias para mantenerte saludable. En esta nota, siete claves para que no caigas en las trampas más frecuentes


 

Dejar de prestar atención a nuestro peso y a la buena nutrición cuando llegan los meses fríos para volver a preocuparnos recién en el verano para no lucir mal en vacaciones no es una buena idea para la salud.

El caso es que, aún cuando no seamos de esa idea, el invierno suele hacer que adoptemos hábitos capaces de tirar por la borda todo lo hecho durante el resto del año en materia de hábitos saludables: el frío termina siendo excusa para incorporar más y más calorías que el organismo después no consume y se nos transforman en exceso de grasa.

Aún sin que nos demos cuenta, de pronto notamos que la sensación de frío nos lleva a comer más, se incrementa el “picoteo” entre comidas y nos dan menos ganas de hacer nuestra rutina de ejercicios, y todo eso no tarda en notarse en la balanza.

A continuación algunos consejos para que el invierno no interrumpa buenos hábitos:

 

Respetá tus horarios. Los días se acortan y nuestro apetito puede cambiar sus ritmos, pero es conveniente mantener tus horarios de desayuno, merienda, almuerzo y cena como referencia, porque cambiarlos (o incluso saltearse comidas) no es bueno para la incorporación de los nutrientes. Nuestro ritmo circadiano o “reloj biológico” demanda un tipo de nutriente a cada hora del día.

 

La cantidad es importante. Aquí suelen aparecer las “trampas” del invierno, donde de pronto las porciones no cambian pero sumamos salsas para “entrar en calor”, y ahí termina estando la diferencia. Si alguna comida se vuelve más copiosa, es importante compensar con una ingesta menor la próxima vez.

 

Lo que no debe faltar. No se trata simplemente de comer menos, sino de elegir los alimentos. Bajar la ingesta de carbohidratos es necesario, pero también lo es seleccionar qué carbohidratos comemos. Y la respuesta de los médicos es: siempre más verduras y menos comestibles procesados (harinas, dulces). Por otra parte, es imprescindible que mantengas el consumo de proteínas, que se encuentran en carnes, lácteos (no el duce de leche, que no es un “lácteo” sino un ultraprocesado a

base de azúcar) y clara de huevo. Las proteínas son imprescindibles para el mantenimiento de la masa muscular, mientras que, de lo que se trata cuando hablamos de mantener un peso saludable es de evitar el exceso de grasa corporal.

 

Mentené tu rutina de ejercicio. La ingesta de proteínas es fundamental, justamente, si vas a mantener tus hábitos de actividad física (y, sobre todo, porque no debes dejarlos). Durante el invierno tenemos tendencia a comer más y movernos menos, y es eso justamente lo que lleva a nuestro cuerpo al sobrepeso, y a nuestro organismo a los trastornos metabólicos que nos predisponen a toda clase de enfermedades. Como mínimo, caminar media hora diaria. El invierno no debería ser una excusa, pero mucha gente se vuelve más sedentaria en esta época del año.

 

No dejes incorporar “novedades” en tu dieta. ¿Probaste con las legumbres? Son una excelente fuente de carbohidratos de buena calidad (siempre preferibles a las harinas y los dulces), vitaminas y minerales, y pueden incorporarse a casi cualquier menú. Los pescados de mar aportan un perfil de grasas y proteínas más saludable que los de la carne y el pollo, pero en la Argentina se consumen muy poco… Innovar es fundamental para mantener una alimentación saludable, porque le añade a nuestra dieta “correcta” la carta del placer, y así todo es más fácil.

 

Prever las colaciones (y evitar el “picoteo”). Muchas dietas fracasan porque no integran alimentos que permiten compartir momentos con los amigos o la familia, o cuando están solos en casa y entra la ansiedad o el aburrimiento.

 

Hidratate siempre. Asociamos la sensación de sed más frecuentemente con el calor veraniego, pero lo cierto es que el organismo necesita hidratación permanente todo el año. Eso sí: no lo hagas con gaseosas. Nada como el agua (más de un litro al día), que además es fundamental para mantener limpio todo el tracto digestivo y eliminar toxinas. Una buena opción son las infusiones, aunque conviene evitar, por ejemplo, el exceso de café.

 

Recordá que mientras puedas elegir tu menú y respetar tus horarios –que son los horarios del ritmo biológico de tu organismo– te será más fácil mantenerte saludable y no caer –o recaer– en hábitos que después es muy difícil modificar.

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