En Argentina, el 10% de la población adulta padece migraña

En Argentina, el 10% de la  población adulta padece migraña

La migraña es una enfermedad que no tiene cura. Sin embargo, es controlable y existen distintas alternativas, terapéuticas y focalizadas en cambios de hábitos, que permiten un alivio de los síntomas, la prevención de nuevas crisis y por consiguiente una mejora de la calidad de vida de los pacientes. El 12 de septiembre es el Día Internacional de Acción contra la Migraña.


 

La migraña es una enfermedad neurológica que se manifiesta principalmente entre los 35 y los 45 años de edad, es 3 veces más frecuente en mujeres y afecta a 1 de cada 7 personas en todo el mundo.

Se caracteriza por la presencia de una cefalea con intensidad moderada o severa, es pulsátil (genera la sensación de que la cabeza late) y se siente generalmente en un solo lado de la cabeza. Además,  puede durar algunas horas o hasta 2 o 3 días si no se trata. Generalmente suelen aparecer otros síntomas como náuseas, vómitos, sensibilidad a la luz y al sonido.

Su fuerte impacto en la calidad de vida la convierte en una de las enfermedades más discapacitantes en personas menores de 60 años. “Hay un deterioro en la calidad de vida que hace que los pacientes no puedan desarrollarse en las distintas esferas como por ejemplo social, laboral, personal, y que tengan miedo a poder programar determinadas actividades que con el dolor se les haría imposible”, comentó el Dr. Pablo Schubaroff, médico neurólogo, jefe del Hospital Dr. Bernardo Houssay y miembro de un grupo de trabajo en cefaleas.

 

Cifras de la patología

 

El 57,4% de las personas que sufren este tipo de migraña pierde, al menos, 5 días de trabajo o escuela durante tres meses; el 85% tiene una reducción significativa en la participación de encuentros sociales y familiares, el 56,6% tiene depresión y el 48,4% algún trastorno de ansiedad generalizada.

La duración y frecuencia de la migraña puede variar dependiendo de cada persona. Puede ser episódica (de 4 a 15 episodios en el mes) o crónica (dolor de cabeza intenso, muchas veces pulsátil, por más de 15 días en un mes, con una duración mayor a las cuatro horas por episodio y con una persistencia mayor a los tres meses). Se estima que el 2% de la población mundial padece de migraña crónica.

En el año 2021, el Dr. Marco Lisicki encabezó un trabajo de investigación, en conjunto con el Grupo de Dolor de Cabeza de la Sociedad Neurológica Argentina, en el cual se determinó que alrededor de un 10% de la población adulta en nuestro país padece migraña y, entre ellos, alrededor de un 2% consume analgésicos casi todos los días situándose por fuera del margen de seguridad en términos de efectos secundarios y con un alto riesgo de toxicidad. “Por suerte en casi todas las provincias del país tenemos profesionales dedicados a tratar la migraña. Es importante que los pacientes los identifiquen y se acerquen a ellos”, comentó el Dr. Lisicki.

“Muchas veces se minimiza esta enfermedad pensando que es un simple dolor de cabeza y esto trae múltiples complicaciones, desde el abuso en la toma de medicamentos para tratarla -que puede incluso generar el efecto contrario- hasta la frustración porque muchos de nuestros pacientes se sienten incomprendidos. También en la comunidad médica se minimiza a pesar de ser una patología de alto impacto” afirmó el Dr. Schubaroff.

Con el objetivo de concientizar a la población sobre esta patología incapacitante, sensibilizar sobre el dolor que miles de personas en todo el mundo padecen y aunar esfuerzos para mejorar su calidad de vida, cada 12 de septiembre se conmemora el Día Internacional de Acción contra la Migraña.

 

Llevar un registro

 

El Dr. Lisicki explicó que actualmente la mejor herramienta que tenemos para elegir adecuadamente entre las diferentes opciones de tratamiento es el “diario de dolor de cabeza”. Con eso se puede determinar la severidad de la enfermedad en virtud del número de ataques mensuales que padece el paciente. No sólo es importante cuantificar la cantidad de días con crisis sino también llevar un registro de lo que se denomina “días claros”, que son los días en que los pacientes se sienten absolutamente libres de dolor o molestias. Más adelante, pasada la etapa de diagnóstico, el diario sigue siendo un instrumento fundamental para evaluar la respuesta al tratamiento, mes a mes, reflejada por una reducción en la intensidad y frecuencia de los ataques.

"No darle importancia a la enfermedad puede traer complicaciones. Puede llevar, en principio, a una cefalea secundaria que se denomina cefalea por abuso de medicación, esto además puede llevar a la cronificación del dolor. El tratamiento debe ser multidisciplinario: psicología, kinesiología, terapia conductual”, argumentó el Dr. Schubaroff.

El tratamiento tiene como objetivo reducir la frecuencia e intensidad de la duración de las crisis logrando que el paciente pueda tomar control de su vida. Muchas veces se logra rápidamente con un esquema de medicación preventiva o con un ajuste en la medicación de rescate y otras veces hay que hacer cambios más radicales con cambios de hábitos, con una visión más amplia sobre el tratamiento y haciendo enfoque en cambios de actividad física, de alimentación, de sueño y de manejo del estrés.

 

Factores que inciden

 

Entre los desencadenantes de la migraña existen:

 

-Situaciones de estrés y ansiedad.

-Estímulos sensitivos (luces brillantes, sonidos altos o ruidos, ciertos olores).

-Cambios hormonales como los que se producen durante el ciclo menstrual, el embarazo, la menopausia.

-Cambios en los patrones regulares del sueño (dormir mucho o poco).

-El consumo de cafeína, bebidas alcohólicas, tabaco.

-Ciertos alimentos como el chocolate, los enlatados, los embutidos, quesos duros o alimentos muy salados y procesados.

-Aditivos alimentarios: como algunos edulcorantes (aspartamo) y conservantes (glutamato monosódico).

-Ayuno prolongado.

-Algunos medicamentos: anticonceptivos o vasodilatadores. El uso excesivo de analgésicos puede generar un efecto contrario.

-Cambios climáticos (mayor temperatura, humedad, cambios repentinos en la presión o la altitud. Incluso muchas personas son sensibles al cambio de uso horario de verano o viajes a través de zonas horarias).

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