La diferencia entre artritis y artrosis

La diferencia entre artritis y artrosis

Ya sea por confusión o desconocimiento, muchas personas no saben distinguir la artrosis de la artritis. Si bien ambas son enfermedades reumáticas, sus causas, síntomas, diagnóstico y tratamiento son diferentes.


 

 

Cada 12 de octubre, desde 1996, se conmemora en todo el mundo el Dia de la Artritis. La fecha fue instituida por Arthritis and Rheumatism International (ARI) con el objetivo de sensibilizar a la comunidad sobre este padecimiento y brindar apoyo a los pacientes y a sus familias. La artritis reumatoide es una enfermedad crónica que produce dolor, inflamación, dificultad de movimientos y deformación de las articulaciones, frecuentemente acompañado de fatiga y es muy incapacitante. 

Normalmente, los huesos no se friccionan ya que están recubiertos por un tejido cartilaginoso, firme y elástico. Las propiedades de este tejido y las del líquido sinovial permiten “almohadillar y lubricar” las articulaciones, facilitando su normal desplazamiento. 

En la artrosis el cartílago se desgasta (degenera) en forma progresiva y lenta, produciendo un daño mecánico, y forma lo que comúnmente se conoce como “picos de loro”, es decir un sobrecrecimiento del hueso, o quistes (pequeños orificios). Éstos pueden observarse en las radiografías. “Essta enfermedad crónica puede presentar algún grado de inflamación e hinchazón. Algunos factores que pueden favorecer su aparición son: el envejecimiento, el sobrepeso, la sobrecarga y la predisposición genética”, explicó la doctora Alejandra Babini, reumatóloga y ex Presidenta e integrante de la Sociedad Argentina de Reumatología. Las mujeres tienen mayor posibilidad de presentar artrosis de manos y rodillas, a diferencia de los hombres, en quienes es más frecuente la artrosis de cadera.

Por otra parte, la artritis reumatoidea produce un daño inflamatorio. Si bien también es una enfermedad reumática crónica, difiere mucho de la artrosis ya que es autoinmune y, aunque afecta principalmente las articulaciones, puede comprometer otros órganos del cuerpo. “El sistema inmune deja de reconocer nuestros tejidos y, en consecuencia, produce una respuesta inflamatoria defensora, por ello aparece el dolor, la hinchazón y la rigidez en las articulaciones. Si no es tratada a tiempo produce destrucción de las articulaciones, discapacidad física y alteración de la calidad de vida”, aseguró la especialista. 

 

Los síntomas a tener en cuenta

 

La rigidez por la mañana, el dolor y la hinchazón articular, son los principales síntomas de la artritis reumatoidea. Algunos pacientes también pueden presentar debilidad generalizada, fatiga y, con menor frecuencia, fiebre. Pueden pasar 2 o 3 horas hasta lograr movilizarse con más soltura, necesitando ayuda de otra persona o de un objeto para incorporarse. A medida que transcurren las horas los síntomas suelen disminuir permitiendo el movimiento, pero retornan nuevamente tras el reposo prolongado. En cambio, la artrosis, que en general afecta a menos articulaciones, se presenta con dolor y rigidez hacia el final del día, tras el uso y la sobrecarga. Dependiendo de la articulación comprometida y la etapa de la enfermedad, pueden aparecer crujidos e inflamación.

 

La importancia del diagnóstico

 

El diagnóstico de la artrosis se determina a través de la evaluación clínica de los síntomas y del examen físico, a diferencia de la artritis reumatoidea que requiere de estudios de sangre y de radiología y/o ecografía.  La Dra. Babini afirmó: “hace aproximadamente 20 años veíamos diez sillas de ruedas en la sala de espera. Hoy, gracias a la difusión de información, los pacientes entienden la importancia de consultar ante los primeros síntomas para recibir un diagnóstico temprano y así, un tratamiento adecuado”. 

Si bien no existe cura para estas enfermedades, es el especialista reumatólogo quien indicará el tratamiento adecuado para reducir el dolor, controlar la enfermedad y evitar la aparición de deformaciones y de discapacidad. 

“Para controlar el dolor de la artrosis utilizamos analgésicos y antiinflamatorios. Podemos trabajar en la corrección de la postura, indicar rehabilitación y aumentar la tonicidad muscular para mejorar el movimiento de la articulación”, puntualizó la experta. El progreso de la enfermedad no puede detenerse pero sí controlarse. “En la artritis, la inflamación se trata con medicación específica modificadora de la enfermedad para corregir el daño inmunológico que provoca y así, frenar la evolución. Si no se logran resultados mediante las drogas de tipo sintético, debemos avanzar con la utilización de biológicos o pequeñas moléculas”, finalizó la  doctora Babini. 

 

 

 

 

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